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“Los padres principales alumnos en el programa de educación acuática para bebés”
En Interaqua ofrecemos programas de preescolares y escolares desde 1975,
y el de “Educación acuática para bebés”, con la presencia de mama o papá
dentro del agua, desde 1995. Con la experiencia de todos estos años nos damos
cuenta de la importancia de considerar a los padres en el programa de bebés como
nuestros alumnos inmediatos, pues son ellos los que finalmente interactúan
directamente con sus hijos dentro del agua y aplican las actividades que
nosotros los maestros sugerimos de
acuerdo al nivel de desarrollo y personalidad de los bebés. Además lo que
aprenden en clase pueden aplicarlo en contextos acuáticos diferentes.
Nuestro objetivo es propiciar un espacio en el que se fortalezca la relación
entre los padres y sus bebés mientras éstos, acompañados y guiados por sus
padres, descubren su cuerpo acuático y desarrollan las habilidades necesarias
para llegar a ser en su momento, autónomos en el agua.
Para lograr lo anterior, hemos desarrollado una serie de cápsulas de información
puntual, que exponemos a los padres durante momentos propicios de la clase con
el fin de sensibilizarlos para entender las diferentes etapas de desarrollo de
su bebé y su implicación en el trabajo que hacemos dentro del agua.
Nos gustaría compartir con ustedes temas que han resultado de mucho beneficio
para los padres en el manejo de bebés entre los 10 y los 16 meses de edad.
La conquista de la postura vertical y la posibilidad de desplazarse por sí mismo
cuando empiezan a gatear, provoca un cambio radical en los intereses del bebé
dentro del agua. La postura horizontal boca arriba muy aceptada en los meses
anteriores, comienza a ser abiertamente rechazada. El deseo de empezar a
adquirir autonomía los lleva a una fase de negativismo en la que ya no aceptan
dócilmente las propuestas de mamá. Experimentan también una actitud ambivalente
de desear separarse de mamá combinada con momentos en los que quieren seguir
pegados a ella y ser tratados todavía como bebés.
Esta situación provoca desconcierto en los padres sobre todo primerizos, pues
comienzan a sentir la clase poco productiva ya que su bebé no quiere hacer lo
que se le propone aunque antes le gustaba: se resiste a inmersiones que semanas
antes disfrutaba mucho; al intentar ponerlos boca arriba, enderezan la cabeza y
tensan el cuerpo, con frecuencia mamá desconcertada se cuestiona si es
conveniente seguir con el programa.
La intervención y acompañamiento de esta fase por parte del maestro a los padres
es de suma importancia para explicarles lo que le sucede a su bebé y para
proponerles actividades pertinentes para esta etapa. Es el momento de favorecer
la autonomía del bebé en lugares de la alberca en donde puedan pisar para
consolidar su desempeño desde la postura vertical: aprender a equilibrarse
cuando el agua los desequilibra constantemente, a experimentar inmersiones o
caídas espontáneas desde su postura vertical; a probar como puede elevar las
piernas perdiendo el apoyo plantar y cómo echar la cadera hacia delante doblando
las piernas para volver a encontrar el apoyo del piso; a brincar, a correr, a
aprender a levantarse sin ayuda en superficies donde la profundidad le permite
permanecer de pie con la cara fuera del agua.
A los papás se les invita a que permitan esta exploración de su bebé sin
perderlo nunca de vista, a observar detenidamente sus movimientos y su lenguaje
corporal y a intervenir únicamente cuando el bebé no pueda salir de la situación
por sí solo, brindando un apoyo ligero que le permita descubrir la habilidad que
tiene que desarrollar para hacerlo más adelante sin ayuda.
En ocasiones observamos a padres muy aprensivos que impiden esta exploración y
no permiten que sus hijos resuelvan exitosamente retos. O por el contrario
observamos padres que exigen demasiado a sus bebés por una necesidad que brota
más de ellos que de sus propios hijos. En ambos casos resulta productivo invitar
a los papás a entender la etapa que atraviesa su bebé, a confiar en lo que
realmente puede hacer y a respetar sus posibilidades para no demandar lo que
todavía no es capaz de hacer.
La comprensión por parte de los padres de todos estos aspectos, da como
resultado una intervención más respetuosa y comprensiva en la interacción con
sus bebés, así como la posibilidad de asombrarse y disfrutar del proceso que es
tan importante como el resultado final.
Como maestros mediadores es conveniente capacitarnos y ser capaces de explicar
también sobre otros temas que pueden enriquecer la interacción de los padres con
sus bebés dentro del agua en el programa de educación acuática.
A continuación sugerimos algunos:
·
El proceso tan elaborado que lleva transitar desde el recién nacido –sumamente
limitado motrizmente- hasta el bebé que es capaz de desplazarse eficientemente
de manera vertical, no solo en un medio terrestre, sino también en un medio
acuático en el que hay que adaptarse de manera diferente.
·
Los retos que implican para el cuerpo el dominio de la respiración, el tono
relajado en varias posturas, la pérdida y recuperación de la vertical, la
posibilidad de propulsión que dan brazos y piernas.
·
La importancia de trabajar paralelamente ejercicios que buscan desarrollar
distintas habilidades por separado para que una vez dominadas se trabajen unidas
para lograr una habilidad más compleja.
·
La adecuación de los ejercicios y actividades al proceso de desarrollo
psicomotriz del bebé.
·
La connotación emocional que acompaña el
proceso de total dependencia de la madre hasta el inicio de la autonomía.
·
La sensibilidad para apreciar y desarrollar una comunicación a través de gestos,
actitudes y tono corporal entre los padres y sus bebés ante la incapacidad de
éstos de hacerlo todavía a través del lenguaje verbal.
·
La importancia de reconocer su responsabilidad como padres para establecer
límites consistentes con firmeza y cariño en las etapas críticas de rebeldía y
negativismo de sus bebés y entenderlas como partes importantes del proceso rumbo
a la autonomía.
·
La necesidad de hacer niños precavidos -no temerosos- que desarrollen respeto
por el agua y reconozcan sus propios límites.
·
La riqueza en estimulación sensorial y posibilidad de posturas y movimiento que
el agua proporciona y el consecuente desarrollo cerebral a través de las
conexiones sinápticas que desencadena.
Hablar con los padres en ocasiones de manera general, pero también en momentos
de la clase en donde resulta oportuno, ha sido para nosotros de gran valor, pues
ellos por un lado comprenden y
disfrutan la convivencia con sus
hijos y por otro adquieren seguridad para ser más empáticos y creativos en sus
intervenciones.
Cecilia González Estrada María Elena González

México, D.F. octubre, 2011